Para Carlos Morales por reclamarlo. Para mi padre, obviamente.
El mundo se divide en dos tipos de personas: los que se rinden en alguna ocasión y mi padre. El hombre que es el cuarto de nueve hermanos; el que no decidió qué podía estudiar porque el Régimen te lo asignaba, pero hizo de aquella imposición el amor de su vida; el que jamás llora, nunca comparte las preocupaciones, el que tiene un carácter horroroso y un corazón que no le cabe en el pecho. El que se abrió la cabeza contra el quicio de una puerta; el que me rompió el labio con aquella misma cabeza jugando un día en la playa; el que siempre ha utilizado de una manera tan lógica la cabeza que, a veces, nos ha asustado.
Le recuerdo apagando el despertador a las 6:00 de la mañana diariamente durante más de treinta años. José María García todas las noches o Pumares un poco más tarde. Los ojos serios y el abrazo de a veces con todo el amor que iba acumulando en los meses fuera de casa. Fue jefe de mi abuelo con solo dieciséis años. Perteneció a la directiva del Cádiz C.F. cuando aún el Cádiz tenía equipo y no futbolín en un estadio de Primera.
Recuerdo haberle visto en la tele alguna vez y haber señalado con sorpresa mientras gritaba desde el salón: "¡mamá, mamá, es papá!". Entonces, intentaban buscarle una solución digna a los Astilleros, darle vida de alguna manera y él negociaba directamente. Jamás contó las cosas importantes que hacía.
Aguantó que le calumniaran los mismos que años más tarde fueron a pedirle trabajo de nuevo. Aquellos que perdieron el juicio y no movió un dedo contra ellos, es más, a alguno volvió a darles trabajo.
Mi padre es un peak de proa, lo que mantiene al buque a flote, es un gigante que mira desde arriba y se desespera al verme hacer poemas, y mirar por la ventana, porque "eso, hija mía, no te lleva a ninguna parte". Pero no me echa. Mi padre es el colchón donde reposo las heridas cuando la vida me hiere de muerte.
Y es el silencio que me atormenta, y es la fuerza en estado puro.
Así, señores, es mi padre.

Me hubiese encantado conocer a tu padre Carmen. Y nunca te va a echar. Está orgulloso de vos.
ResponderSuprimirABRAZO
Bueno, orgulloso... Tampoco hay que exagerar, digamos que el pobre cumple con estoicismo. Jejeje.
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