domingo 7 de agosto de 2011

NOCILLA-AMOR


“Después de dejarme debíamos hacer el reparto.
La casa es tuya, el coche es tuyo.
¿Para qué quiero el garaje, para meter el patinete?
Pero la culpa… la culpa es enteramente mía.”
El Chipi, de La Canalla



Dices, querida, que me amas como al pan del desayuno en un día de resaca,
como a esa Coca-cola que te aplaca el estómago después de tanta náusea.
Comentas que mis besos te alimentan
que mis manos sacian tu hambre de más cuando las sábanas se quedan pequeñas.
Le dices al tendero que mi carne podría resucitar a un muerto
que soy capaz de convertir el agua en vino con mis dedos.
Rubricas la misiva que asegura que me comiste por pura necesidad de alimento
y yo trataba de pescar para ti todos los deseos que sembraste.
Que si pan y cebolla contigo en el más allá,
que si nuestro amor es un banquete de bodas todos los días,
que si tú te vas me muero de inanición porque no hay lengua que sepa mejor que la tuya después de pasearme…
“Pero, Honey,”, decías, “¿hace falta que te cuente como endulzas mis días?”
Dijiste que me amabas como el hambriento ama una miga de galleta
yo te creí porque nadie puede mentir refiriéndose a los placeres de la degustación.
Te creí incluso después del portazo (un mes después) para dejarme sentada
en la casa que compartimos como un café para dos
mirando las paredes vacías, los estantes desiertos.
Y sigo creyendo que no mentías, pero una duda llena mis noches en los bares
porque jamás necesitaste chocolate, el sexo era estupendo, entonces…
¿quieres decirme que no te acostarás con nadie llevándote el bote de Nocilla a medio acabar?

2 comentarios:

  1. Vengo de leer (en el blog de la melancolía de los ríos) un posteo sobre el valor de las palabras y sus efectos. Y me encuentro con esto. A quién no le ha sucedido creer y desencantarse. Creer y que las palabras se evaporen como por arte de magia...

    La pregunta final no la puedo responder. Aunque creo que sé la respuesta.

    Beso.

    (me fascinaron los cambios del blog!)

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