jueves 15 de septiembre de 2011

TENGO AVISPAS EN EL ESTÓMAGO

Para E.

A veces un panal de avispas se instala en tus costillas, me lo dijeron, me lo contaron, me lo ocultaron. Las avispas son como los retazos del sol que alguien que prende a la orilla de los pasos que distéis.
Ahora mismo no hay salida para la miel que nadie va a ir consumiendo de tu sangre, de tus poros, de tus manos. Y secarás la carne que se arrastra más allá de la calle.
Vamos a convertirnos en trinchera para esperar lo que nadie espera y, desde el centro de los minutos que se van consumiendo, ser el protagonista de alguna película antigua.
Lastremos los sentidos para que la forma que nos damos, cuando tus dedos me convierten en barro disperso, sea para siempre y me veas y te veas y me quieras poseer.
Respiremos los alambres y hagámonos llagas en la lengua de topar contra los dientes ajenos. Abramos la boca tan solo para lamer las arterias que el corazón va generando al margen de las leyes que se nos vienen encima.
Dame las reglas donde explicas qué cable es el que activa la explosión que podría venírsenos encima. Dibújame este estómago que regurgita el dolor de saberme menos, de saberme mal, de saberme fuera ahora.
Eres cemento y conformas la ciudad. Eres avispa que se instala en tu costado. Eres el aguijón que te va abriendo la herida.


JOAQUÍN CALDERÓN

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